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Mostrando entradas de septiembre, 2018

Los ojos nunca se secan, nunca.

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"Ojo" es el nombre vernáculo que reciben en Doñana las fuentes de agua que afloran en la marisma, son surgencias naturales de agua dulce procedente de las capas profundas del freático. Pero el acuífero sufre, el agua escasea, debido al menor volumen de lluvias y a una cada vez mayor explotación del acuífero. Dicen los que saben, los que año tras año durante décadas han recorrido esta marisma cuarteada en verano, que cada vez hay menos ojos y cada vez son más reducidos. Dicen y yo les creo. Pero aún tenemos la suerte y la oportunidad de ver algunos, contemplar el burbujeo continuo en el agua marrón, sentir las huellas que llegan hasta el ojo y pensar en la inmensidad seca, la oportunidad que supone para los habitantes de este entorno. Mirar el ojo y verte reflejada, sentirlo como el centro de la espiral, el punto a partir del que todo gira, el centro de una diana. Al final solo es un ojo, una surgencia de agua... donde no hay nada más.

Thais haemastoma, púrpura natural

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  Thais haemastoma es un caracol marino, un molusco de la familia Muricidae. Es frecuente encontrar conchas de este gasterópodo en las playas de Doñana; no suelen medir más de siete u ocho centímetros y lo más característico de este caracol es el color anaranjado o rojizo de la abertura, así como sus pliegues. Esta especie y algunas otras de la familia, se usaban en la antigüedad para fabricar el tinte púrpura, especialmente apreciado en época romana; y conocido como "púrpura de tiro" (o púrpura real), por ser producido por los fenicios en esta ciudad, aunque se cree que ya se utilizaba en Creta en torno a 1.600 a.C. Para producir un gramo de púrpura se necesitan aproximadamente 9.000 caracoles y un largo proceso de transformación, por lo que su uso era muy limitado, utilizándose exclusivamente en prendas de lujo, lo que lo convierten en claro símbolo de riqueza y poder.

Época de berrea

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Cuando cambia la temperatura, ya a final del verano,  cuando caen las primeras lluvias, aunque sean escasas, a los ciervos les llega el tiempo del celo. Para atraer a las hembras, a cuantas más mejor, tienen que demostrar que son los más fuertes. La berrea se oye, aquí y allá,  sonido característico de esta época del año;  alguna lucha cuerna a cuerna de los más valientes,  que a veces más parece una coreografía y  otras veces pareciera que no se podrán separar. Las hembras se mantienen espectantes, las pequeñas crías de este año observan en la distancia; nada ni nadie interviene, nada ni nadie se interpone.

Marisma al final del verano

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Colores grises, marrones, ocres y amarillos bajo el cielo azul manchado de blanco; olor a hierba seca y a lodo. Las primeras lluvias ya han caído, pero aún no ha sido suficiente para emborrachar la marisma, que sigue esperando las ansiadas gotas que cambiarán sus texturas.