Los ojos nunca se secan, nunca.
"Ojo" es el nombre vernáculo que reciben en Doñana las fuentes de agua que afloran en la marisma, son surgencias naturales de agua dulce procedente de las capas profundas del freático.
Pero el acuífero sufre, el agua escasea, debido al menor volumen de lluvias y a una cada vez mayor explotación del acuífero.
Dicen los que saben, los que año tras año durante décadas han recorrido esta marisma cuarteada en verano, que cada vez hay menos ojos y cada vez son más reducidos. Dicen y yo les creo.
Pero aún tenemos la suerte y la oportunidad de ver algunos, contemplar el burbujeo continuo en el agua marrón, sentir las huellas que llegan hasta el ojo y pensar en la inmensidad seca, la oportunidad que supone para los habitantes de este entorno.
Mirar el ojo y verte reflejada, sentirlo como el centro de la espiral, el punto a partir del que todo gira, el centro de una diana.
Al final solo es un ojo, una surgencia de agua... donde no hay nada más.




Comentarios