Cebolla albarrana (Drimia maritima)


En estos días de final del verano, cuando aún no han empezado las lluvias, hay una planta que florece de manera nada discreta en los claros de nuestros bosques... el resto del año sin embargo es tan discreta que casi no se le presta atención.
Puede florecer ahora, antes de que las condiciones de humedad sean buenas, gracias a las reservas de su bulbo.




 Las varas de la cebolla albarrana pueden llegar a medir hasta metro y medio de alto y en cada una de ellas se pueden contar más de cuarenta flores.

 Desde muy antiguo se conocen las propiedades medicinales de esta planta, su empleo para el tratamiento de edemas está mencionada en un papiro de 1554 a.C del Imperio Medio de Egipto; también Carlomagno en el siglo VIII proponía su cultivo para uso medicinal.



 Se utilizaba como tónico cardiaco, como diurético, contra edemas y para tratar la nefritis. Por otro lado se ha usado como insecticida y rodenticida, es decir, para controlar las ratas.

 Esto último nos da una pista de que la cebolla albarrana es una planta altamente venenosa, todas sus partes son tóxicas, principalmente el bulbo; por lo que la dosificación para su uso como medicinal debe ser dosificado con mucha precaución.


La absorción por vía oral de cantidades entre 0,1 y 1,5 g puede provocar la muerte. Los posibles síntomas de intoxicación incluyen: disfunción cardíaca, disuria, hematuria y alteraciones del tracto digestivo. La muerte puede ser el resultado de una parálisis del corazón y la consiguiente parada circulatoria. El roce con la piel puede provocar ampollas y dermatitis.

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