Días raros
Esta primavera de 2020 está siendo rara, sí. Nosotros, los seres humanos,
nos quedamos en casa y algunos carriles en Doñana se van borrando, sí. Pero la
naturaleza sigue su curso, los ciclos naturales no se detienen.
Aunque está siendo un año raro en la naturaleza también. Las lluvias de
otoño fueron tardías y muy muy escasas, la marisma, esa vasta extensión de
arcillas y limos que debería inundarse por completo durante el invierno para
dar cobijo y alimento a miles de aves que crían en ella en primavera, se ha
mantenido seca y cuarteada en su mayoría hasta hace bien poco y aún ahora,
después de unos buenos chaparrones primaverales, apenas tiene algo de agua en
los lucios más profundos, el resto es, con suerte, barro. El tapiz de plantas
verdes es, por tanto, más tupido en algunas zonas que al no haberse inundado
han permitido la germinación de semillas que se habrían ahogado en un año
“normal”.
La playa de Doñana, que por ser principalmente zona litoral de depósito,
recibe cantidades sorprendentes de basura en cada marea, aparece estos días sin
apenas rastro de botellas, plásticos, globos y demás restos abandonados en
algunos casos a kilómetros de aquí; la playa de más de treinta kilómetros se
encuentra estos días más limpia de lo que recuerdo nunca, es increíble; pero
los bandos de ostreros, charranes o charrancitos, que en los días de primavera
de otros años son inmensos a lo largo de la orilla, son más escasos esta
primavera y yo me pregunto si eso se debe a que otras playas también están más
limpias y, lo que es más importante, vacías de humanos, de toallas, de
sombrillas… y las aves costeras están en estos días raros más repartidas que
otros años. Sin embargo llevamos días observando a un grupo de tarros blancos
sobrevolando las dunas del Inglesillo, o posados en la orilla a primera hora de
la mañana.
Las lluvias de primavera han dado un verdor precioso al campo, el pasto
crece en casi todas partes, y los grandes mamíferos que dependen de este
alimento están también muy repartidos, no se ven grandes manadas en los llanos,
que sin embargo están impresionantes de flores.
Y como cada primavera, las hembras de jabalí hozan en los llanos
perseguidas muy de cerca por sus pequeñas crías, las mariposas liban en las
numerosas flores y las rapaces sobrevuelan en círculos los cotos de Doñana, las
abubillas se afanan en alimentar a sus polluelos en los huecos de los viejos
acebuches y los sapillos corredores han depositado ya sus ristras de huevos en
charcos y zacayones.

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